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Universidad de Sevilla

[Entrevista] Andrés M. Lozano: “Estamos muy lejos de lograr una cura para el Alzheimer"

Andrés Lozano es conocido como “el neurocirujano de los casos desesperados”. Sus investigaciones sobre la estimulación cerebral a través de impulsos eléctricos y su aplicación en enfermedades como el párkinson, el alzhéimer o la depresión convierten en uno de los investigadores más reconocidos del mundo en este campo. Él sostiene que aún se está lejos de lograr una cura para el Alzheimer.


Usted es Catedrático de Neurocirugía y Neurología de la Universidad de Toronto, pero nació en Triana.
Yo nací en la calle San Jacinto, cuando las mujeres aún daban a luz en casa. Tenía 3 años cuando mis padres decidieron emigrar a Canadá para reunirse con sus hermanos que ya vivían allí. Desde entonces, he hecho toda mi carrera en Canadá, pero me encanta volver a Sevilla, a mis raíces.


¿Qué relación tiene actualmente con la Universidad de Sevilla?
Soy asesor desde hace muchos años del Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBIS) y estoy muy interesado en el trabajo del profesor José López Barneo, al que considero uno de los mejores científicos de España. Me encanta colaborar con el IBIS, en primer lugar porque soy de Sevilla, y en segundo lugar porque el nivel científico es muy alto. Deseo poder establecer más colaboraciones entre Sevilla y Canadá, y espero que podamos ayudarnos unos a otros.

 

¿Qué significa para usted estar entre los doctorados Honoris Causa de la Universidad de Sevilla?
Es un gran honor, uno de los más altos de mi carrera. Tiene un significado  muy importante porque Sevilla es la ciudad donde nací. Espero que podamos tener más vínculos y colaboraciones, intercambios, para poder llevar adelante estos avances en el mundo de la neurociencia, ver juntos cómo ganamos estas batallas.

 

¿Cuál ha sido el contenido del su discurso de investidura?

Hemos desarrollado nuevas técnicas quirúrgicas basadas en ajustar la actividad de los circuitos del cerebro. Hay circuitos que controlan los movimientos, el ánimo, otros la memoria... y en las enfermedades la actividad de estos circuitos es demasiado leve, o demasiado alta. Por ejemplo, si uno tiene una actividad muy alta puede dar crisis de epilepsia, lo que significa que las neuronas están disparando a un ritmo excesivo. Sin embargo en el Alzheimer los circuitos están flojos. Lo que hacemos es introducir un cable eléctrico de forma muy precisa en esos circuitos y aumentar o disminuir la actividad del circuito. Hemos comprobado que en algunas enfermedades esto puede tener un impacto importante sobre los pacientes.

 

¿Cómo descubrieron que esta técnica podía aplicarse a enfermos de alzhéimer y párkinson?
Fue por casualidad. Estábamos tratando el centro del apetito en los obesos. Durante un experimento, le colocamos electrodos en el cerebro para controlar el apetito y la saciedad. El paciente estaba despierto cuando empezamos con los impulsos eléctricos. La idea era, a medida que aumentábamos la corriente, localizar un punto donde el apetito bajara, pero en lugar de eso encontramos una zona en la que su memoria se estimuló y el paciente empezó a tener recuerdos de cuando era niño. Estuvimos haciendo pruebas y descubrimos que con estimulación su memoria aumentaba y era capaz de recordar una larga lista de palabras. Eso nos dio la idea para utilizar esta misma técnica en ensayos clínicos de personas con alzhéimer.


¿Significa que habrá una cura para estas enfermedades?
Estabilizar la enfermedad no es una cura, pero es una victoria. Hemos operado ya a 42 pacientes con alzhéimer y hemos constatado que es una técnica segura. Durante la intervención, los pacientes están despiertos y cuando estimulamos el cerebro, éstos tienen recuerdos de su niñez. Hemos visto que en al menos en la mitad de los pacientes hay una mejoría de la memoria y en algunos casos la enfermedad se ha frenado. Esto es una gran victoria en el tratamiento de una enfermedad que siempre va a peor. No obstante, aún hay muchas preguntas por resolver. Me gustaría colaborar con otros países para poder tener más pacientes y avanzar más rápido.


Algunos le llaman “el neurocirujano de los casos desesperados”.
Esto es porque en general sólo tratamos a enfermos que ya han probado todo tipo de tratamientos, que piensan que la medicina ya no puede ofrecerles soluciones. Son casos desesperados y cuanto más mejor. Ese es nuestro punto de inicio. Nuestro trabajo se basa en tratamientos experimentales. Por ello pedimos permisos no solo a los pacientes, sino también a las familias. Solemos aceptar a pacientes que ya lo han probado todo, y somos su última esperanza. Esos son los pacientes que queremos, porque estamos hablando de tratamientos experimentales, de investigación, que aún no están aprobados.

 

¿Veremos la cura del Alzheimer?
Es muy difícil, creo que estamos muy lejos de lograr una cura. Hay científicos creen  que en cinco años la veremos e incluso se habla de vacunas, pero yo tengo mis dudas. Solo tenemos experimentos con animales y si eres un ratón o una rata, tus posibilidades de curarte son muy altas, pero en los humanos aún no ha habido un gran impacto. Es muy difícil y creo que tardará aún mucho tiempo.

 

Su campo de investigación ¿está solo centrado en el Párkinson y el Alzheimer?
Bueno, estamos ampliando el campo. También trabajamos con la depresión, anorexia, obesidad. Esta técnica ya se está ejerciendo en todo el mundo. En Barcelona hay un grupo de investigación que lo aplica a la esquizofrenia. Actualmente estas técnicas se aplican sólo en Estados Unidos, pero me gustaría que se ampliara el campo a otros países, para que más pacientes pudieran beneficiarse y avanzar más rápidamente.


¿Son técnicas agresivas?
La neurocirugía es una técnica bastante simple. Se aplica con los pacientes despiertos, y hemos operado a personas mayores de 90 años. Actualmente estamos desarrollando otra técnica en la que operamos con ultrasonidos y ahí ni siquiera abrimos. Se hacen así operaciones muy precisas que puedes ir como paciente externo, que  llegas, te operan y te vas como paciente ya curado.

Esta entrevista stá disponible en el número 43 de la Revista US.

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